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Rostros de Colombia

La gente detrás del país

Quindío · 2011

La guadua no es un material pobre: es un material mal enseñado

Colombia tiene una norma sismorresistente que reconoce la guadua como material estructural y una tradición constructiva de siglo y medio. El prejuicio contra el bahareque sobrevive a ambas cosas.

Columna · 8 min de lectura

Por Ernesto Vallejo · 8 de junio de 2026

Un pasto gigante con rendimiento de acero

La guadua angustifolia es una gramínea, es decir, un pasto, que en condiciones adecuadas alcanza más de veinte metros de altura y diámetros superiores a los quince centímetros. Crece en las laderas templadas de la cordillera colombiana, sobre todo en el eje cafetero y en las vertientes de los ríos Cauca y Magdalena, y llega a su punto de corte en unos cuatro a seis años, un plazo que ninguna madera estructural iguala.

Su comportamiento mecánico es lo que la vuelve interesante. El culmo es un tubo hueco con tabiques transversales en los nudos, una geometría que ofrece mucha resistencia a la flexión con muy poco peso. En tracción la guadua responde notablemente bien, y ese es exactamente el esfuerzo que aparece en una estructura sometida a sismo.

Colombia lo tiene reconocido por escrito. El Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente, NSR-10, incluye en su título G un capítulo dedicado a estructuras de guadua, con criterios de diseño, requisitos de calidad del material y disposiciones constructivas. No es un material informal: es un material normalizado.

El bahareque encementado

La técnica que mejor aprovechó esa capacidad se desarrolló en la colonización antioqueña, entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX, cuando familias que abrían territorio hacia el sur levantaron pueblos enteros en pendientes fuertes y con poco tiempo. El sistema consiste en una estructura de guadua, muros formados por esterilla de guadua abierta y clavada sobre esa estructura, y un revoque que puede ser de tierra o, en la versión posterior, de mortero de cemento sobre malla.

El resultado es un muro liviano, flexible y muy delgado que se comporta bien frente al movimiento del suelo. Los pueblos del Quindío, Risaralda, Caldas y el norte del Valle están construidos así, con las fachadas de colores, los aleros largos y las balconadas que se asocian a la región. En 2011 la Unesco inscribió el Paisaje Cultural Cafetero Colombiano en la Lista del Patrimonio Mundial, y entre los atributos reconocidos figura precisamente esa arquitectura.

El terremoto del eje cafetero de 1999 dejó una lección incómoda. Las construcciones de bahareque tradicional en buen estado se comportaron, en general, mejor que muchas edificaciones de mampostería no reforzada levantadas en décadas recientes. Lo que falló no fue la técnica antigua: fue la construcción sin criterio de la época intermedia.

El prejuicio

Y sin embargo, en buena parte del país el bahareque sigue leyéndose como vivienda de pobre. Quien mejora de ingresos cambia la guadua por bloque y placa de concreto, con frecuencia sin cálculo estructural, y considera que ha progresado. La percepción se sostiene en dos confusiones.

La primera confunde el material con el mantenimiento. Una guadua mal cortada, cosechada verde, no inmunizada y expuesta a la humedad se pudre y la ataca el insecto. Una guadua cortada en madurez, en la fase adecuada, inmunizada y protegida del agua y del contacto con el suelo dura décadas. La diferencia no está en el bambú: está en el proceso.

La segunda confunde la técnica con la informalidad. Se han levantado ranchos precarios con guadua, es cierto, y también se han construido con ella cubiertas de gran luz, puentes y edificios públicos. El arquitecto manizaleño Simón Vélez llevó estructuras de guadua colombiana a escenarios internacionales y demostró que el límite del material estaba mucho más lejos de donde el gremio lo ponía.

Lo que hace falta

El obstáculo real no es técnico. Es de cadena productiva. Se necesitan guaduales manejados con planes de aprovechamiento, no cortados al azar; centros de secado e inmunización cercanos a los cultivos; clasificación del culmo por calidad, como se hace con la madera aserrada; y maestros de obra formados en uniones y ensambles, que es donde una estructura de guadua se gana o se pierde.

También hace falta que las entidades que financian vivienda dejen de tratar el bahareque como excepción. Mientras un crédito sea más fácil para un muro de bloque que para uno de guadua normalizada, la norma seguirá escrita y sin usar.

Colombia tiene el material, tiene el clima donde crece, tiene la tradición constructiva y tiene el reglamento. Le falta dejar de pedirle disculpas al bambú.

«Lo que falló en 1999 no fue la técnica antigua: fue la construcción sin criterio de la época intermedia.»

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Temas

  • guadua
  • bahareque
  • arquitectura
  • eje cafetero

Sobre las fuentes: Basado en el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10 y en documentación pública sobre el Paisaje Cultural Cafetero Colombiano.

Firma

Ernesto Vallejo

Redactor de patrimonio

Escribe sobre lo que se conserva: casas, oficios, canciones y sus custodios.

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