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Rostros de Colombia

La gente detrás del país

Bolívar · 2024

San Jacinto: el telar vertical de los Montes de María

La hamaca de San Jacinto se teje de pie, en un bastidor de madera, con algodón y una paciencia de semanas. Es el oficio de un municipio que además guarda una de las tradiciones musicales más antiguas del Caribe.

Crónica · 8 min de lectura

Por Lucía Perdomo · 23 de abril de 2026

Un pueblo entre dos llanuras

San Jacinto está en el departamento de Bolívar, en la serranía de los Montes de María, esa formación baja que separa las sabanas de Sucre y Córdoba de la depresión del Magdalena. Es tierra de bosque seco tropical, con lluvias concentradas y un verano largo, y con una economía histórica de agricultura de ladera, tabaco y artesanía.

El municipio es conocido por dos cosas que rara vez aparecen juntas: la hamaca tejida en telar vertical y la gaita, ese conjunto de flautas de origen indígena, con cabeza de cera de abejas y carbón vegetal, que dio nombre a una música de tambor y caña que sigue viva en la región. En San Jacinto se celebra desde hace décadas un festival nacional dedicado a esa tradición.

El telar de horqueta

La hamaca sanjacintera se teje en un telar vertical de construcción sencilla: dos horquetas o parales de madera clavados en el piso y dos travesaños que definen el marco. Sobre ese marco se monta la urdimbre, los hilos verticales que darán la longitud de la pieza, tensados de manera pareja. La tejedora trabaja de pie, avanzando de abajo hacia arriba.

La trama se pasa a mano, hilo por hilo, y se aprieta con una macana o paleta de madera que golpea la línea recién puesta para compactarla contra la anterior. Esa compactación decide la densidad final del tejido y, con ella, su resistencia. Una hamaca floja se deforma con el uso; una bien apretada sostiene el peso de un cuerpo durante años.

El material tradicional es el algodón, hilado y teñido antes del montaje. Las hamacas se arman por franjas de color que corren a lo largo de la pieza, y los diseños se llaman por nombres locales que se transmiten oralmente. Una hamaca grande puede tomar varias semanas de trabajo, y en muchos casos varias personas de la misma familia participan en distintas etapas: el hilado, el urdido, el tejido, el remate de las cabuyeras y el flecado de los bordes.

Por qué la hamaca y no la cama

En el Caribe colombiano la hamaca no es un objeto de descanso ocasional. Es mobiliario básico. Permite dormir ventilado en un clima donde el colchón acumula calor, se cuelga y se descuelga liberando el espacio de la casa, se transporta doblada, se lava, y se usa para el sueño nocturno, para la siesta, para atender visitas y para acomodar niños.

Su presencia en la región es anterior a la Colonia. Las hamacas fueron uno de los primeros objetos americanos registrados por los europeos en el Caribe, y la palabra misma pasó al español desde una lengua antillana. Lo que hicieron poblaciones como San Jacinto fue desarrollar una versión propia, con su técnica de telar, su gramática de franjas y su escala.

Un territorio con una historia difícil

No se puede hablar de los Montes de María sin nombrar lo que allí ocurrió. La región fue uno de los escenarios más golpeados del conflicto armado colombiano entre los años noventa y comienzos de los dos mil, con masacres, desplazamiento masivo y abandono de tierras que vaciaron veredas enteras. San Jacinto y sus alrededores perdieron población y perdieron continuidad productiva.

El tejido se vio afectado de manera directa. Familias tejedoras se desplazaron a Cartagena, a Barranquilla y a otras ciudades, y algunas siguieron tejiendo allí, en condiciones distintas. El retorno posterior y los procesos de organización comunitaria, muchos de ellos liderados por mujeres, apoyaron la reactivación del oficio como una forma de ingreso y también como una manera de reconstruir vida colectiva.

El problema del precio

Una hamaca de San Jacinto tejida a mano compite hoy en el mismo estante con hamacas industriales de fibra sintética producidas en serie. La diferencia de tiempo de trabajo es enorme y la diferencia de precio, insuficiente. Cuando el comprador negocia el valor de una pieza que tomó tres semanas como si negociara un objeto de fábrica, está trasladando toda la presión a la última persona de la cadena.

Hay una prueba sencilla que cualquiera puede hacer en una tienda. Se toma el tejido con las dos manos y se estira transversalmente. Si los hilos se abren con facilidad, la pieza fue tejida rápido. Si el tejido apenas cede, alguien pasó semanas de pie frente a un telar de horquetas apretando cada línea con una macana de madera.

«Si el tejido apenas cede, alguien pasó semanas de pie frente a un telar apretando cada línea.»

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Temas

  • hamaca
  • san jacinto
  • tejido
  • montes de maria

Sobre las fuentes: Basado en documentación pública sobre artesanía textil del Caribe colombiano y en informes sobre el conflicto armado en los Montes de María.

Firma

Lucía Perdomo

Editora de regiones

Recorre departamentos buscando trayectorias que nadie escribió.

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