Antioquia · 1957
Los silleteros: una silla de carga que terminó cargando flores
Antes del desfile hubo un camino, y antes de las flores hubo carbón, leña y hortalizas. La silleta de Santa Elena empezó siendo una herramienta de transporte en una montaña sin carreteras.
Crónica · 8 min de lectura
Por Lucía Perdomo · 25 de junio de 2026
Un camino de herradura y una montaña empinada
Santa Elena es un corregimiento de Medellín situado en el oriente del valle de Aburrá, en una meseta alta que mira hacia la ciudad desde arriba. Durante buena parte de la historia local, la relación entre esa meseta y el centro de Medellín se resolvió a pie, por un camino de herradura que subía y bajaba pendientes fuertes.
Por ese camino se movía la economía campesina: hortalizas, frutas, leña, carbón vegetal, flores. También se movían personas. Y el instrumento que lo hacía posible era la silleta: una estructura de madera con forma de silla, con respaldo y asiento, que se cargaba a la espalda con dos correas sobre los hombros y una banda que ayudaba a repartir el peso.
El nombre no es metafórico. La silleta era literalmente una silla, y en su origen sirvió para transportar carga y, en ciertos casos, personas que no podían hacer el trayecto por su cuenta. El oficio de silletero fue durante generaciones un trabajo de transporte, duro y mal pagado, no una actividad ornamental.
De la carga al desfile
En 1957 se organizó en Medellín la primera Feria de las Flores. Dentro de la programación se incluyó un desfile en el que campesinos de Santa Elena bajaron con sus silletas cargadas de flores. Fue un evento modesto, con unas pocas decenas de participantes, pensado como una postal de lo que ya ocurría todos los días en el camino.
Ese desfile creció hasta convertirse en el acto central de la feria y en uno de los eventos culturales más reconocidos del país. La silleta pasó de ser herramienta de trabajo a soporte de composición floral, y el oficio cambió de naturaleza: dejó de medirse por kilos transportados y empezó a medirse por diseño.
Con el tiempo se establecieron categorías. La silleta tradicional reproduce el modo antiguo de acomodar ramos para la venta, sin armazón adicional. La comercial lleva mensajes o logotipos. La monumental alcanza tamaños y pesos considerables y exige entrenamiento físico para cargarla. La emblemática representa figuras y símbolos, y la artística permite mayor libertad de composición.
La silleta se arma, no se decora
El armado empieza días antes. Sobre un tablero de madera atado a la silleta se dispone una base vegetal, generalmente de hojas, y sobre ella se van fijando las flores siguiendo un diseño previamente dibujado. El trabajo se hace con las flores cultivadas en las fincas de la propia vereda: hortensias, pompones, astromelias, agapantos, cartuchos, azucenas y muchas otras.
El orden importa. Las flores más resistentes van primero y las más delicadas al final, para que lleguen abiertas al día del desfile y no antes. El peso se calcula con cuidado, porque una silleta mal balanceada castiga la espalda de quien la carga durante un recorrido de varios kilómetros bajo el sol de agosto.
La preparación es familiar. Padres, hijos y nietos trabajan en la misma silleta, y la condición de silletero se hereda: participa quien pertenece a una familia silletera reconocida de la zona, con vínculo verificable con la actividad. Esa regla, discutida a veces desde afuera, es lo que ha mantenido el desfile atado a un territorio concreto en lugar de convertirlo en un espectáculo abierto a cualquiera.
Lo que sostiene el oficio
Detrás del desfile hay una economía floricultora de ladera, con fincas pequeñas y trabajo intensivo, que compite con una industria nacional de flores orientada a la exportación y organizada en invernaderos de sabana. Son dos escalas distintas y dos lógicas distintas. La de Santa Elena depende del cultivo diversificado, de la venta local y, de manera creciente, del turismo.
El desfile ha sido reconocido por el Estado colombiano como parte del patrimonio cultural inmaterial de la nación, con un plan de salvaguardia que busca proteger la actividad campesina que le da origen y no solo el evento que la exhibe. Es una distinción pertinente: sin fincas con flores en la montaña, el desfile sería una coreografía sin sustento.
Quien ve pasar una silleta monumental por la avenida ve una superficie de color. Lo que sostiene esa superficie es una armazón de madera diseñada hace siglo y medio para subir carbón por una pendiente.
«Dejó de medirse por kilos transportados y empezó a medirse por diseño.»
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Firma
Editora de regiones
Recorre departamentos buscando trayectorias que nadie escribió.
