Caldas · 2024
El sombrero aguadeño y la aritmética de la ripia
En Aguadas, Caldas, la calidad de un sombrero se mide contando: cuántas tiras salen de una hoja de iraca y cuántas vueltas caben en el ala. Todo lo demás es consecuencia de eso.
Apunte · 8 min de lectura
Por Lucía Perdomo · 17 de diciembre de 2025
Una palma que no es palma de sombrero
La materia prima del sombrero aguadeño es la iraca, Carludovica palmata, una planta de aspecto palmiforme que crece en zonas cálidas y templadas húmedas del país. No es una palma verdadera, aunque se le llame palma de iraca, y su cogollo, el brote central todavía cerrado, es lo que se aprovecha.
De ese cogollo se extraen las hojas tiernas, que se abren, se despojan de las nervaduras y se rasgan en tiras. Esa tira es la ripia, y su ancho es la primera decisión del oficio. Una ripia gruesa produce un sombrero rápido, tosco y barato; una ripia fina produce un sombrero de tejido cerrado que puede tomar semanas y que resiste el uso durante años.
Antes de tejer, la ripia se cocina, se blanquea, tradicionalmente con azufre, y se seca al sol y a la sombra en tiempos controlados. De ese proceso depende el color crudo parejo que distingue a un sombrero bien terminado de uno manchado.
Aguadas, Caldas
Aguadas queda en el norte de Caldas, en el límite con Antioquia, sobre una de las rutas de la colonización antioqueña. Es un municipio de arquitectura de bahareque y calles pendientes, incluido dentro del área declarada Paisaje Cultural Cafetero Colombiano. Allí el sombrero es la actividad artesanal característica, con talleres, plaza de acopio y un museo dedicado al oficio.
La producción está distribuida en el campo. Las tejedoras y tejedores trabajan en sus casas, en jornadas repartidas entre las labores domésticas y agrícolas, y entregan las copas o las piezas terminadas a acopiadores del pueblo, donde se realizan el remate, el planchado, el moldeado y el terminado con cinta y badana.
Cómo se lee la calidad
El tejido comienza en la copa, en el centro exacto, y avanza en espiral hacia el ala. Un sombrero fino se reconoce por tres cosas: la regularidad del punto, es decir, que todas las cruces de ripia sean iguales; la densidad, que se aprecia mirándolo a contraluz, donde un buen tejido deja pasar poco; y la ausencia de un punto de inicio visible en el centro de la copa.
Existe además la propiedad que hizo famoso al género de sombreros de iraca en América: los ejemplares más finos pueden enrollarse sin que el tejido se quiebre, y recuperan la forma después. Es una prueba que se hace con cuidado y que no todo sombrero soporta.
El molde, la horma y el remate
Terminado el tejido, la pieza no es todavía un sombrero: es una campana de fibra sin forma definida. El acabado se hace en el pueblo y comprende varias operaciones sucesivas. Primero el remate del borde del ala, que se resuelve rematando las ripias sobrantes hacia adentro del tejido para que no se deshilache con el uso. Después el lavado y un segundo blanqueo, que empareja el tono.
Viene entonces el planchado y el moldeado sobre hormas de madera, con calor y humedad, que es lo que fija la copa, define la altura y da al ala su curvatura y su caída. La horma determina el modelo, y cada taller conserva un juego de hormas que corresponde a los tipos que produce. Por último se cosen la badana interior, que recibe el sudor, y la cinta exterior.
Ese trabajo de terminado explica una parte de la estructura de precios del oficio. Quien teje entrega una campana; quien la remata, la plancha y la moldea agrega valor en unas pocas horas, y quien la vende agrega otro tanto. La operación más larga de toda la cadena, que es el tejido, es la que menos participación tiene en el precio final.
El nombre y la denominación
El sombrero aguadeño cuenta con denominación de origen reconocida en Colombia, una figura jurídica que protege el vínculo entre el producto, el territorio y el saber tradicional, y que impide que ese nombre se use para piezas fabricadas en otra parte o con otro procedimiento. Es una herramienta útil y limitada: sirve contra la usurpación del nombre, pero no contra la importación masiva de sombreros industriales que compiten en el mismo estante sin llamarse igual.
Lo que se paga y lo que cuesta
Aquí está el punto incómodo de todo el oficio. El ingreso que recibe quien teje se calcula por pieza y no por hora, y esa forma de pago castiga precisamente el trabajo más fino, porque el tejido cerrado toma mucho más tiempo sin recibir una compensación proporcional. El resultado previsible es la deriva hacia ripias más gruesas y sombreros más rápidos, y la pérdida progresiva de los grados de finura más altos.
También pesa la edad. La tejeduría de iraca es un oficio con población envejecida, y la transmisión hacia los más jóvenes compite con opciones de ingreso más inmediatas.
Quien compra un sombrero aguadeño en la plaza y lo levanta hacia el sol para ver cuánta luz pasa está haciendo, sin saberlo, la misma operación que hace el acopiador cuando fija el precio. La diferencia es que él sí sabe cuántas semanas hay del otro lado.
«El pago por pieza castiga precisamente el trabajo más fino.»
Temas
- sombrero
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Firma
Editora de regiones
Recorre departamentos buscando trayectorias que nadie escribió.
